martes, 16 de septiembre de 2014

Isla Blanca y Herbario en el Museo Sivorí-Octubre


Isla Blanca y Herbario son dos propuestas teatrales que se presentarán en el Museo Sivorí el 10 y 11 de Octubre respectivamente. Para la presentación de Isla Blanca se contó con la colaboración del Artista Jorge Gonzalez Perrín que dono una serie de dibujos para la venta, y así costear los datos de traslado. Este sistema de colaboración vio agotada las obras en 4 días, superando así las expectativas de los organizadores. A continuación un detalle de las presentaciones que se realizaran en el Museo Sivorí, espectáculos totalmente a la gorra. HERBARIO (TEATRO) VIERNES 10 DE OCTUBRE, 18 HS., MUSEO DE ARTES PLÁSTICAS EDUARDO SÍVORI, (SUM, 1er piso), INFANTA ISABEL 555, CABA. Sinopsis: Herbario nació de las conjunciones del amor, del encuentro -jamás casual- de miradas a través de años y geografías. La lectura de unos poemas de Laura Forchetti escritos para conversar con poetas cercanas a pesar de la distancia –Dickinson, Plath, Villariño, Storni, entre otras- y el recorrido de una muestra plástica de Balbina Lightowler enfocada en la costa bonaerense de Villa Gessell –el mismo paisaje donde los poemas habían sido escritos- constituyeron la visión primera de un universo que se alineaba en su movimiento de concentración y fuga. Los poemas se reunían alrededor de una mujer disponiendo pétalos entre las hojas de un libro; ese gesto repetía a otra mujer construyendo un herbario –hojas y flores/de su jardín/o silvestres/de los alrededores-vestida de blanco hace ciento cincuenta años. Las cuentas se enhebraban en un hilo de plata. Si los versos recorrían el mundo natural, el hambre de las flores, su brillante sexualidad, su convivencia en el mundo humano y los pequeños animales con sus oficios de mensajeros, de médiums, de acompañantes en viajes inesperados, las pinturas mostraban –en juego de espejos- el bosque junto al mar, alumbrado de a ratos por la luz del faro –descubrimiento y escondida. Y en el centro de todo, una mujer que miraba y disponía su mano a la poesía. Por el lado del teatro, veníamos haciendo un trabajo de investigación y experimentación a partir de textos poéticos centrados en la escritura femenina: lenguaje, diferencia, poder, cuerpo, locura y amor. La conjunción inicial se completó con otros destellos que daban en el mismo centro: poemas de Roberta Iannamico, de la misma Dickinson, pinturas de Rantica, Senderowicz, Fraschina, Desimone, Balquinta y González Perrín y la música venida con su misterio: Debussy, Schumann, Ginastera, El clavel del aire blanco de Guastavino. Un mundo empezó a componerse ante nuestros ojos, centrado en la imagen de una mujer escribiendo versos, en la mano de esa mujer, en el interior donde se mueve esa mano. Y aparecieron entonces los objetos que acompañan ese interior: bordados, hilos, tijeras, libros, el chal, el atril, el piano, el herbario. Objetos que tomaban la mano de la mujer y la llevaban sobre el mundo -la mano que escribe, la que muereSobre ese interior se abre, como una ventana, el mundo natural, presente a través de la proyección de las pinturas y collages con sus colores intensos y sus detalles precisos. Interior, ventana y una mujer de blanco con los ojos abiertos, anotando Belleza y Verdad. La confección de un Herbario –“será como un tesoro para ti”, escribía Emily Dickinson en una carta a su amiga Abiah aconsejándole que hiciera un herbario- es un juego contra la muerte. Un herbario es una trampa al tiempo, un intento de quietud y eternidad, el máximo esplendor de los pétalos, atrapado. Pero trampa de niñas tal vez, inocencia. Danza entre las flores. La poeta es por momentos una niña asombrada que inventa juegos para probar la materia del mundo: lápices de colores, manojos de llaves, latitas con perfume, una lupa, los insectos que repiten su nombre y se santiguan. O se anuda el pelo con una gitana, la mano extendida para alguna revelación, como la luz del faro que nos descubre. Homenaje a Emily Dickinson y a las mujeres poetas que enhebran cuentas en el hilo plateado a través de los siglos, las lenguas, los escenarios. Los poemas se vuelven cartas sobre el silencio. Escribir, como hacer una colección de hojas y flores, para que no se pierdan Belleza y Verdad. El herbario habita en el corazón. LAURA FORCHETTI. Reseña: Entre el teatro y la danza, una escenografía depojadísima permite seguir los puros movimientos . Al fondo vertiginoosas imágenes de pinturas, colores inefables, mundo de sueños, la música hipnótica, la voz que recita poemas, que una y otra vez, nos llevan a los jardines, a nuestros secretos lugares sin tiempo, a la semilla, a la noche, al sol entre los tallos. Se nota esa mano, la presencia de la lejana Isla Blanca, recóndito refugio. Casi onírica, la canción final, la de la Gran Madre que te abraza sin preguntas, que lo perdona todo, que te comprende. Silenciosos, los espectadores nos vamos de viaje, invitados al Herbario, hacia las nostálgicas circunstancias que ya estaban en nuestros corazones, sólo a contemplar, a oír los silencios entre palabra y palabra, el susurro entre flor y flor. SERGIO SANMARTINO. HERBARIO (teatro) FICHA TÉCNICA: Actrices: Karla Castillo/María Celia Paniagua. Poemas: Laura Forchetti/Roberta Iannamico/Emily Dickinson. Pinturas: Lightowler/Rantica/Senderowicz/Fraschina/Desimone/Balquinta/González Perrin. Música: Debussy/Schumann/Ginastera/Guastavino. Realización: María Celia Paniagua. Diseño Gráfico: Juan Luis Sabattini. 100x100 ISLA BLANCA (teatro) SÁBADO 11 DE OCTUBRE, 18 HS., MUSEO DE ARTES PLÁSTICAS EDUARDO SÍVORI, Sala “A”, AVDA. INFANTA ISABEL 555, CABA. Sinopsis Una minúscula porción de roca y arena blanca, completamente rodeada de agua, es espacio suficiente para emprender un viaje. La travesía para descubrir un territorio interior. Unidad y solitud en la isla donde caben los temas de la poesía de Hilda Doolittle. María Celia elige los hilos, los enhebra, borda el recorrido insular. Cada estación es un hito en la palabra; cada objeto, el punto en donde confluyen biografía y creación. Los poemas se viven en una atmósfera de luces y sombras, de crujir de telas, de sonoridad de perlas, de figuras hieráticas. Conmovedora intensidad. Cuerpo y voz para la voz que Hilda dio a las calladas mujeres de la mitología, mudas por haber sido los hombres los que contaron sus historias. Leda hablándole al cisne; Helena en Egipto renegando de su destino de mujer bella. Safo en Euboia; Hilda en su tributo a Freud, los poemas de Pound, primer amor y mentor de sus primeros versos. La naturaleza y las palabras precisas para perpetuarla en imágenes puras. Mitos. Visiones. La destrucción y las ruinas. Lo espiritual, lo sagrado, el éxtasis. La fidelidad a la esencia femenina. Su rescate. La construcción de una vida. Todo esto es Isla Blanca. Y más. MÓNICA ORTELLI. Reseña: La travesía por la que nos conduce María Celia Paniagua es insular. Nos conduce por una o muchas -¿Quién lo sabe?- islas blancas, de arenas muy finas, frágiles caracolasr aires que se transparentan. No podría decir que hay un recorrido literal de palabras, sino un despliegue de múltiples sentidos, deslices, amalgamas. Las palabras enhebran senderos diversos, que se escabullen entre objetos y esos objetos también hablan. Los objetos abandonan su trivialidad para decir lo suyo y las ambigüedades serpentean entre el tiempo no lineal. Tiempo que no nos mira desde las agujas de un reloj, sino desde la suave textura de las hojas o de las plumas gastadas de un cisne blanco. María Celia, con el cuerpo etéreo y macizo. Siempre grácil. Siempre bello. No hay centimetro de su piel que no exprese, no murmulle, no cante. Va mutando entre mujeres desasosegadas, atentas, que sienten ser árbol en el bosque, ser luna en el ocaso, ser náufragas en el mar. Un trabajo profundo, penetrante en la sensibilidad, y en los lenguajes emotivos. Ella ha elegido cada gesto, cada texto, cada movimiento, cada objeto con precioso cuidado. Esa delicadeza, esa pasión por encontrar símbolos y significados, nos la entrega a los espectadores. Es un ritual de pasaje, nos convoca a reencontrar la belleza, que ella ha sabido descifrar. Nos ofrece las enaguas translúcidas que los textos supieron decir, musitar, silenciar. Un acto poético desde inicio al fin del itinerario. MÓNICA OLIVER. La conmoción que provocó el primer contacto con la poesía de H.D., esa sigla como firma, la belleza de los versos “¿Qué son las islas para mí/ si yo te pierdo?”, iniciaron la investigación hacia la construcción de lo que es el espectáculo ISLA BLANCA: material que se constituye, finalmente, más como ceremonia que como espectáculo. El corpus, secuencia de textos poéticos, dan coherencia dramática a la puesta en escena de la transformación de una mujer, la reconstrucción de una identidad femenina y su celebración. Comunicar desde el lirismo y el discurso la columna vertebral del texto que es un largo fragmento del poema EL MAESTRO, abre desde el tributo amoroso un debate: LA MUJER ES PERFECTA. La resonancia de esas palabras cada vez, en la actriz y lxs espectadorxs, las mujeres, destinatarias naturales de ISLA y los varones, van construyendo desde la experiencia estética una elaboración reflexiva. ISLA BLANCA pretende transmitir con lealtad el imaginario de la gran poeta norteamericana Hilda Doolittle diciendo los poemas en argentino, desde las traducciones de las poetas Mirta Rosenberg, Diana Bellesi y María Negroni. Estas versiones fueron únicas durante casi 30 años (incluidas las de Girri) hasta que llegaron las traducciones españolas, en este caso, las de Natalia Carbajosa. Lengua argentina para una pasión argentina: el psicoanálisis. TRIBUTO A FREUD es uno de los pocos diarios de análisis con que cuenta el estudio del psicoanálisis. De allí que la poeta sea más reconocida en ese ámbito y en el de los feminismos que en el de las letras. Las esculturas del maestro Perrin, los otros actores. Desde el inicio mencionadas en el poema de Goethe, presentes en tantos collages fotográficos creados por H.D. y en tantos de sus poemas; ella misma, finalmente, “una muchacha tan alta”, una escultura. La fotografía, pasión de H.D. testimoniando la Historia, lo que fue, y lo que es, en la presencia de los espectadorxs. Grecia, sus mitos, su lengua: Safo. Y el homenaje a las poetas que ganaron el espacio de la traducción de Safo a partir de finales del S XIX: Renée Vivien (presente en su canto a “Venezia”) y la misma H.D., entre otras muchas. La conversación poética con Pound, con D.H.Lawrence; los versos de Goethe compartidos en alemán (la lengua de la madre de Hilda) con Freud. Un verso de Swinburne al recordar su relación personal con Pound. La música formando parte de las palabras que resuenan en alemán, inglés, francés, griego. El mito de Helena en Egipto: la túnica vacía en Troya mientras la Helena real hace su apología en Egipto, en Leuké, la Isla Blanca. Cualquier mujer puede ponerle el cuerpo a esa túnica, y ser Helena. MARÍA CELIA PANIAGUA, actriz y realizadora. ISLA BLANCA (TEATRO) FICHA TÉCNICA: Actriz y Realizadora: María Celia Paniagua. Esculturas: Jorge González Perrin. Poemas: H.D. (Hilda Doolittle), Ezra Pound, D. H. Lawrence, Goethe, Safo, Swinburne, Renée Vivien. Traductoras: María Negroni, Mirta Rosenberg, Diana Bellesi, Natalia Carbajosa. Diseño Gráfico: Juan Luis Sabattini. Maria celia paniaugua 291 155 036 612 Bahia Blanca

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