lunes, 11 de mayo de 2015

EL ARTE CLÁSICO

Lo “clásico” es un concepto de la Historia del Arte que nos remite a la antigüedad, época en la que se forjaron las bases formales y estéticas del arte occidental. 
Tiempo histórico
Lo primero será precisar los límites cronológicos, es decir, el espacio temporal por que discurre el proceso de formación y la culminación del arte clásico. Si nos referimos primero al arte griego (del arte romano nos ocuparemos más adelante), es necesario utilizar la misma periodización que se sigue para el estudio de su historia. De este modo, tendríamos:

· El período arcaico: s. VIII-VI a. de C.
· El período clásico: s. V-IV a. de C.
· El período helenístico: s. IV-II a de C.


     El período arcaico es una época de formación, de tanteo y concreción de algunas de las formas que culminarán en la siguiente etapa. En estos primeros tiempos afloran y se perfeccionan, sobre el sustrato propio, las diferentes influencias que concurren en el arte griego: la de la civilización cretense, la civilización Micénica y, sobre todo, las grandes civilizaciones orientales, especialmente la egipcia. Es una época en la que el arte evoluciona desde el geometrismo y la abstracción hacia el naturalismo expresivo.

ESCULTURA CLÁSICA
   El período clásico representa la culminación y perfeccionamiento de todas las manifestaciones artísticas griegas, tanto a nivel formal como técnico. Esta plenitud coincide, con el apogeo político, económico y cultural de las “Polis” griegas, en especial Atenas. En estos años nace la “Democracia” como forma de organización política del Estado. El siglo V a. de C. es el verdadero siglo de oro de la cultura griega. La decadencia política de las polis a lo largo del s. IV a. de C., consecuencia directa de las guerras del Peloponeso, marca un cambio fundamental en el arte, que evoluciona hacia nuevas formas de expresión.
   El período helenístico supone una profunda transformación de la civilización y la cultura griega. El imperio creado por Alejandro Magno (336-323 a de C.) hará posible la difusión de la cultura griega por un espacio geográfico que desbordó los estrechos límites de la época clásica. Con la cultura griega viajaron las formas artísticas y las soluciones técnicas ideadas por los griegos que, a partir de ese momento, se convirtieron en el referente estético indiscutible en toda la cuenca mediterránea. Para muchos historiadores esta etapa está ya fuera de los límites cronológicos del arte griego, por considerar que sus resultados estéticos son distintos del arte griego clásico.
El ámbito geográfico
   Aunque los límites temporales son relativamente restringidos, los geográficos aparecen, por el contrario, notablemente amplios. Los griegos (o Helenos, como ellos se llamaban así mismos, es decir, habitantes de “Helas” o la “Hélade”) nunca constituyeron una nación o estado unitario en el sentido moderno del término. Se trataba más bien de un conjunto de tribus que tenían en común la lengua, la creencia en unos mismos dioses y mitos ancestrales, así como unos mismos antepasados. Es decir, compartían una misma cultura. Nunca llegaron a constituir un estado homogéneo y siempre estuvieron organizados políticamente en “Polis” o “Ciudades-Estado” independientes entre sí y, a menudo, rivalizando entre ellas en continuas guerras. De entre las muchas polis griegas destacaremos, por diferentes razones, a Atenas, Esparta, Corinto, Tebas, Éfeso, etc.
    Su origen histórico se remonta a los grandes movimientos de pueblos que se produjeron en la llamada Edad del Bronce (entre el I-II milenio antes de nuestra era). Las llamadas invasiones indoeuropeas trajeron a la Península Balcánica a estas tribus, los “Aqueos”. Pero pronto empezaron a sentirse estrechos en el rudo, montañoso y difícil medio físico de esas tierras rodeadas por el mar y fragmentadas, además de las tierras continentales, en más de 8.000 islas. La vocación marinera y viajera de este pueblo, además de otras circunstancias, determinaron un amplio movimiento migratorio a lo largo y ancho del Mar Mediterráneo. Muchas de las polis griegas fundaron “colonias” en las dos orillas de este mar a partir del s. VIII a de C., por las costas meridionales de la Península Itálica y en la isla de Sicilia, a la que llamaron la “Magna Grecia”; a lo largo de las costas de la Península Ibérica, de Asia Menor (la actual Turquía), en las costas de la actual Francia, por el norte de África…incluso en las costas del Mar Negro. Muchas de las más antiguas ciudades de estos territorios deben su origen a aquellas primeras colonias griegas. En estos lugares los griegos implantaron su civilización, que allí floreció de forma extraordinaria, a veces mejor que en la madre patria (las Metrópolis fundadoras…). De tal manera, que al hablar de la civilización griega no nos estamos refiriendo al reducido ámbito geográfico de la actual Grecia, sino al amplio, diverso y rico mundo de la “civilización griega”, que extendió su lengua, sus mitos, sus dioses….su modo de vida, en definitiva, a lejanas tierras, convirtiendo a la cuenca mediterránea en el verdadero crisol de la civilización clásica. El resultado es, sin embargo, una civilización con caracteres y resultados unitarios. Y es el arte el mejor testimonio de ese pasado griego. Hoy, cuando viajamos, podemos encontrar un templo griego en la isla de Sicilia, un teatro en las costas de Turquía, o restos de la bella ciudad de Alejandría, en Egipto. Todos ellos son el mejor testimonio de aquella civilización que legó a la Humanidad un ideal de belleza que hoy, casi veinticinco siglos después, seguimos considerando clásico.

Las claves de la civilización griega
    Ya hemos dicho antes que los griegos nunca constituyeron un estado unitario; se trataba, más bien, de una comunidad de hombres libres, de una “Comunidad de Ciudadanos”. La libertad y la independencia individual son la base de esta sociedad. La igualdad de derechos (la isonomía) entre los hombres libres, los únicos ciudadanos, constituye uno de los pilares sobre los que se construye el gobierno del pueblo, la Democracia. El individuo, consciente de su valor, se convierte en el eje de su cultura. Por ello, la cultura griega es una “cultura antropocéntrica”, donde, como diría Protágoras, “El Hombre es la medida de todas las cosas”. Este individualismo se traslada al ámbito artístico, donde el artista se convierte en un hombre consciente de su propia valía y genio creador; su obra aparece como una creación libre y cobra fama a través de los tiempos. Fidias, Praxíteles o Polícleto no son sólo nombres, son la encarnación del ideal clásico de belleza, individuos concretos, artistas en definitiva.
    Otro aspecto clave de la civilización griega lo constituye su rica mitología y su religión. En la mitología mediterránea los antiguos dioses eran manifestaciones de las fuerzas de la naturaleza, encarnación de las fuerzas que regían los destinos del hombre y determinaban el ciclo de la vida y la muerte. Estos viejos dioses serán desplazados y su lugar lo ocuparán unos nuevos dioses que sienten y actúan como humanos, pero frente a los cuales el hombre puede actuar con libertad. Estos dioses representan una religiosidad humanizada. No estaba regida por una casta sacerdotal. Todo hombre libre podía convertirse en sacerdote; toda persona inspirada por las musas podía cantar a los dioses y a sus hazañas. Su poder no podía regir la vida espiritual de los ciudadanos griegos. La Mitología griega será, además, la principal fuente de inspiración para los artistas y determinará, sobre todo en la época arcaica y clásica, la iconografía y los temas a tratar. La mitología es el vínculo entre todos los griegos; las hazañas e historias que entrelazan la vida de estos dioses jóvenes, bellos y eternos, y de los héroes, estaban impregnadas de individualidad y sus comportamientos, raramente ejemplares, eran tan humanos como los de los propios hombres. Si en la Biblia se dice que dios creó al hombre a su imagen y semejanza, podemos afirmar que los hombres griegos crearon a los dioses a su imagen y semejanza; y ahí reside la radical diferencia entre su religiosidad y la de las grandes civilizaciones orientales o la que impondrá, posteriormente, el cristianismo. Serán, por tanto, los dioses y sus hazañas, los que servirán de cauce para expresar el ideal clásico de belleza forjado por los griegos.
     Por último, otro de los factores claves de la civilización griego fue la posibilidad de ejercer con libertad la tarea de pensar; dicho de otro modo: la libertad de pensamiento. A diferencia de las civilizaciones anteriores, que contemplaban la naturaleza como un conjunto de fenómenos inconexos, los griegos llegaron al convencimiento de que la naturaleza constituye una unidad regida por leyes que pueden ser conocidas. El razonamiento, la observación y la experiencia son los instrumentos que permiten conocer los fundamentos de la realidad. La filosofía y la ciencia, en sus múltiples campos de estudios, nacen entonces desde la racionalidad humana, desde su capacidad para pensar y observar el mundo. En el s. VI a de C. Pitágoras, creyó encontrar en el número, en las matemáticas, la clave ordenadora del mundo. La armonía y la proporción que se descubren tras la misteriosa aritmética del cosmos será la base del ideal de belleza clásico.